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Columna de abogado Cristián Saieh en Diario Financiero: “Más allá de las regulaciones y comisiones anti corrupción”

“Tres personas pueden guardar un secreto, siempre que dos de ellas estén muertas”. Así decía Benjamín Franklin al opinar acerca de la capacidad de guardar la confidencialidad por parte del ser humano. Esta ironía sirve para reflexionar sobre los eventos que han llevado a cuestionar el manejo de información privilegiada y conflictos de interés del último período y sentirnos una sociedad presa de corrupción y faltas a la ética.

 

Para intentar evitar dichos ilícitos, podremos inundarnos de comisiones, regulaciones, investigaciones de la Fiscalía Nacional e, incluso, de presos las cárceles, pero nada de eso garantiza adecuarse a los estándares de corrección por parte de los que intervienen en los mercados y en la toma de decisiones gubernamentales. En aquellos países boutique con los que nos gusta compararnos (Finlandia, Noruega, Australia, etc) sus habitantes están a varias generaciones nuestras en el respeto por sus instituciones y el funcionamiento de sus mercados. En realidad sus sistemas sociales no toleran el uso del dato mezquino o la ganancia corta porque saben que erosionan todo el andamiaje. Los chilenos, en cambio, buscamos con ansiedad la copucha, el “datito” y el “pituto” porque nos gusta sacar provecho de corto plazo sin mirar el impacto que generamos. En contextos sociales más bien reducidos, como suele ocurrir en nuestro país, donde los círculos de amigos, conocidos, compañeros de trabajo y familiares se sobreponen, el desafío del manejo de información sensible es más relevante aún. Al aprovecharnos de un vínculo privilegiado erosionamos la confianza en la sociedad y la integridad de sus instituciones lo que perjudica a todos; incluso quienes obtengan resultados injustamente favorables, deben enfrentarse al aumento de índices de riesgo que desmotivan la inversión.

 

Para que una sociedad sea transparente necesitamos, más que atiborrarnos de consejos, intrincadas legislaciones complejas de llevar a la práctica y procesos penales de alto rating televisivo, que nuestro manejo de información privilegiada y de conflictos de interés sea adecuado; ninguna pena o ley reemplazará la reflexión sobre los siguientes aspectos de nuestro actuar. La reciprocidad nos permite observar si nuestra decisión corresponde a un trato que nos gustaría recibir. La publicidad lleva a considerar la forma en que nos sentiríamos si nuestras acciones fueran de conocimiento público, ¿sentiríamos vergüenza o, nos resultaría fácil ratificar nuestras decisiones? La confianza de un cercano permite evaluar el nivel de comodidad si una persona que estimamos, amigo, marido/mujer, hijo supiera de nuestro actuar. La dimensión de universalidad lleva a pensar en torno a la generalización de nuestra conducta: si todos hicieran lo mismo, ¿estaríamos fortaleciendo los valores sociales? El legado conduce a considerar el impacto que nuestras acciones tienen sobre nuestra reputación profesional y personal.

 

Recapacitar sobre estas dimensiones antes de actuar contribuye a desarrollar acciones legítimas. Es el desafío que tenemos, más práctico que llenarnos de comisiones y encarcelados.

Cristián Saieh, socio de Puga Ortiz Abogados