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Socio Cristián Saieh: “Tensiones en Chile hoy: la necesidad de un compromiso nacional”

 

El clima confrontacional que vivimos es complejo, qué duda cabe. Es un lugar común señalar que enfrentamos una crisis abonada por altos grados de suspicacia e incredulidad en instituciones como el gobierno, congreso, empresa, poder judicial, partidos políticos y otras tantas responsables de llevar las riendas del Chile.

Está en entredicho un modelo que fue exitoso en los últimos 25 años, especialmente en sus cimientos, que se basan en libre iniciativa de los individuos, con un rol subsidiario del Estado. Cuestionarse qué es lo mejor para el país es deseable, – lo modelos no son pétreos- pero solo si los encargados de conducir a Chile logran acuerdos estructurales, dejando la imposición y la improvisación.

La parábola del Sadhu (Harvard Business Review, junio, 1997) grafica el momento actual. En 1982, Bowen McCoy estuvo varios meses escalando en Nepal. Al cruzar un tramo difícil del trayecto -en el momento en que él y otros escaladores se aprontaban a alcanzar la cima- se encontraron con el cuerpo de un hombre indio sagrado, un Sadhu. Con pocas vestimentas y congelado por el frío, estaba prácticamente muerto. Lo envolvieron en vestimentas y le dieron comida. Sin embargo, cuando llegó la hora de llevarlo a un lugar seguro, los alpinistas optaron por continuar hacia la cima. Era una oportunidad única, que no desaprovecharían. Sólo unos pocos prefirieron descender con el Sadhu unos pocos kilómetros. No obstante, conformándose con entregarle comida suficiente, lo dejaron para que caminara hacia su aldea a dos días de distancia. Aunque algunos escaladores habrían preferido llevar al Sadhu hasta un lugar en el que se encontrara a salvo, entre todos no fueron capaces de llegar a un consenso y se conformaron con pequeñas acciones individuales sin tomar real responsabilidad por su vida. En su conjunto, optaron por seguir escalando hasta obtener el triunfo de llegar a la cima.

Esta parábola describe el problema de nuestro sistema social en que distintos grupos, con influencia en la marcha del país, no asumen la responsabilidad de consensuar: todos quieren llegar a la cima, sin importar el camino o las conductas que desarrollan para lograrlo. Ningún sector en Chile puede arrogarse la completa responsabilidad de generar los cimientos de nuestro sistema, ostentando tener la certeza de que lo que hace es lo correcto, descalificando al resto. Urge un diálogo que, incorporando a los distintos actores, se aboque a diseñar y concretar soluciones a los problemas que enfrentamos: la tensión entre generar riqueza y distribuirla; el modelo político; la efectividad del sistema penal; la igualdad de oportunidades; las mejoras en salud, entre otras. En la parábola los escaladores no consensuaron sus deberes, con la consiguiente muerte del Sadhu. En Chile, si los distintos actores no asumen sus responsabilidades individuales para negociar una solución común a los problemas concretos que nos aquejan, ponen en riesgo el capital social y económico que tanto esfuerzo ha costado desarrollar. Tal como en 1985, se requiere un acuerdo nacional que involucre a todos los actores y establezca medidas inmediatas para superar la crisis.

 

Columna publicada en Diario Financiero

Cristián Saieh, socio de Puga Ortiz Abogados